MI BEBÉ, SIEMPRE ESTARÁS CONMIGO

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Conocí a un tal Chris y aquí empezó a cambiar mi vida. Y no sólo por él, que también, pero traía un regalo debajo del brazo. 

Aún recuerdo cuando me contaba cómo era, lo torbellino y escurridiza que era, y cómo le gustaba hacer lo que le daba la gana. Iba a ser una muy buena hija :p

En las fotos ya me parecía una preciosidad, pero su forma de ser, era mejor aún. Como dice mi hermana, la mejor perra del mundo mundial. 

Entré en la casa y le vi. Una podenca ibicenca de 3 años, marrón, hermosa, muy alta y grande. Sus patas de infarto y cariñosa… no dejaba de restregarse cual gato por mi. 

Le encantaban los mimos, ¿y a quién no?

Salía a la calle y su único objetivo era cazar, sí sí, cazar. 

Y es que su historia viene de ahí, de una familia de criadores de perros para caza, pero resulta que a mi bebé no le quería nadie por su color. 

Su olfato era bueno pero su oído… movía sus enormes orejas hacia los lados y de repente…ya no lo veías. Ya había detectado un ratón, conejo, corzo, jabalí… 

Protegerte no te iba a proteger eso seguro, pero si podía allá que iba a intentarlo o a correr detrás de ellos. 

Ha estado viajando con nosotros, más de lo que le hubiera gustado, y mira que le gustaba montar en el coche y dar pirulos por el campo. 

Se adaptaba bien a todo. 

Primer cambio fue de un pueblo en el que estaba todo el día suelta, a una ciudad como Vitoria a seguir a sus papis en sus sueños. 

Pero después vivimos en varios pueblitos de Vizcaya, esto ya le gustaba más. Más campo para ella, más vuelta a sus comienzos. 

Después su vejez la pasó en el Pirineo. 

Era una perra muy miedosa. 

Le daban miedo los perros, se pensaba pequeña, pero con los años y varios atropellos de coche que por suerte no la hicieron nada, aprendió que no había que huir de otros de su especia (o al menos no siempre). 

Y disfrutó, y corrió y jugó con otro animales y se enamoró de cualquier border collie (que si no habéis estado por Vitoria hay muchos :p  ). 


Nos seguía a entrenar y a las carreras. Muchos de los que lo estáis leyendo seguro que habéis coincidido con ella en alguna competición. Podría haber sido jueza porque se conocía todos los recorridos y normas. 

Nunca ladraba, era muy tranquila y siempre tenía cara de felicidad.

Era muy cariñosa, pero también independiente. Aunque nos quería a su lado siempre. 

Interés por la comida, tenía, sin ser obsesivo, pero le gustaba todo. 

Ha probado cosas de los papis mil veces. Y no sólo chicha del papi si no que le encantaba la zanahoria, el calabacín, la calabaza…pequeños placeres para darle color a la vida. 

Pero, ante todo, su comida favorita era…la PIZZA. 

Tonta no era no. 

Aún recuerdo cuando vivíamos en Vitoria y pedíamos una. No sé cómo, pero nos entendía esa palabra y se colocaba en la ventana.

Cuando llegaba el repartidor saltaba y brincaba de felicidad. 

Era alucinante.

Además, era un poco ladronzuela, imagino que como muchos de vuestros perros: que si abrir la basura, subirse a la cocina a ver qué pillaba…

De estas lo más gordo fue coger de la basura una carcasa entera de pollo, un salchichón de la típica cesta de navidad, o beberse una sartén entera con aceite. Entre múltiples hits, del estilo jajaj

Pero lo más gracioso era que trabajaba como tester de producto en marcas de nutrición deportiva… o eso parece en la foto ¿no?

Coge la mochila, saca lo que haya dentro y lo probaba. 
plásticos vacíos, tripa llena

Le encantaba correr, pero era más de esprints, no mantenía mucho tiempo el ritmo ni la concentración. Era más bien de ver una campa verde (le encantaban) y ponerse como loca a correr alrededor: en Villanúa se ponía como loca a correr por el campo de futbol. Le encantaba. Y si había nieve, apaga y vámonos, qué locurón, ese había sido un día grande. 

Aunque hubiese caído más nieve que su envergadura ella corría y saltaba como una loca. Qué bien se lo pasaba, qué pequeños momentos de felicidad. 

O el típico tirar el palo al perro…pues le gustaba, se lo tirabas, lo cogía y se tumbaba a morderlo y de ahí…tocaba quitárselo si podías para poder comenzar de nuevo el juego o acababa el nuestro y empezaba el de morder y morder. 

La encantaba tumbarse al sol. Hiciera frío o calor. 

Aún recuerdo en una competición, pleno agosto, tumbada en la carretera mientras esperábamos para las premios y estábamos comiendo, a 40 grados que haría, jadeando, pero encantada de la vida. Era una perra de playa. Por algo es podenca ibicenca. 

El dolor tan inmenso que siento, no lo puedo comparar a nada. 

Es la primera vez que tengo esta sensación de vacío inmenso. De que nada va a ser igual. 

De que lo único que me gustaría es volver a verla de nuevo caminando hacia mí con su bamboleo particular. 

Con esos ojitos preciosos y ese pelo tan bonito que la hacía tan peculiar. 

A escuchar sus ronquidos o sus patitas moverse cuando corría en sueños que aún siento escucharlos a veces en el vacío de mi casa. 

No dejo de pensar en ella. En nuestros momentos juntas, en nuestros paseos por la mañana antes de que el pueblo levantara, en nuestras rutas especiales, y en esos ojitos tiernos. 

 Siempre estarás dentro de mí. Siempre serás mi amor. 

Te echo tanto de menos, no sé vivir sin tí. Me falta algo, siento un hueco que no se puede llenar.

Pero pensar en tí me calma, ver fotos tuyas o vídeos me hace sentir que aprovechamos la vida, claro que sí, vivimos muy bien, de eso no hay duda.

Ahora a descansar en el cielo de los perros, en los que habrá miles de pizzas, de amigos que ya están allí y a corretear por esas campas con mucho mucho sol sólo para tí.

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