LAVAREDO, una competición que hay que hacer al menos una vez en la vida

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NO puedo describir lo que siento en este momento, complejo con las emociones a flor de piel.

Cualquier montañero sueña con venir a Cortina d’Ampezzo, y es normal.

Los dolomitas tienen algo especial. Montañas y paisajes de ensueño que encandilan cuerpo y alma, con solo mirar a cualquier lugar.

No soy de ir a los típicos sitios de revistas, pero realmente, me ha impresionado.

Y claro, soy corredora por montaña. Imaginad a lo que he venido aquí XD

Por supuesto, a una de las carreras más importantes del mundo.

Lavaredo Ultra trail.

Llevaba años pensando en venir, siempre he querido correr en este paraíso y por fin este año conseguí dorsal.

Las cosas como sabéis (si me has estado leyendo Mi blog: recuperarte-de-una-lesion-el-cambio-que-ocurre-en-ti/ y si no te lo resumo en: lesión, lesión, fin.); no estaban yendo del todo bien este año.

Pero cuando en mayo empecé a ver la luz al final del túnel, pensé que sería por fin el año de venir al menos, a acabarla, aunque sabía que sería difícil estar al 100% porque llevaba menos de dos meses entrenando con continuidad.

Después de competir en Tenerife Blue trail y no sentirme nada fluida y con falta de entrenos, vine con muchas dudas, para qué os voy a engañar.

Con una competición (que no salió del todo bien) y un par de tiradas largas de 4h30, no sabía cómo podría afrontar estos 80km con 5000+ que se me iban a presentar.

Vine pensando que una ultra es mucho más que un estado de forma, sabiendo que la mente jugaría un papel fundamental y que tener una estrategia buena (y seguirla, claro), sería clave.

No sabía qué me encontraría ni en terreno, ni qué tal me sentiría tras tantos meses sin competir tan largo, pero en mi tercera competición ultra, puedo decir que me ha encantado.

Llegamos tras un viaje tormentosos por los múltiples atascos italianos, el lunes de la semana de carrera, ya anocheciendo.

En una ultra (bueno, en cualquier carrera claro), es clave conocer algún tramo de la competición, o lugares de paso, para tener en mente cómo va a ser el circuito y qué te vas a encontrar, dónde verás a tu gente, etc.

Te hace poder superar mejor cada tramo y cuánto te queda para cada punto, por ejemplo. También ver el terreno te ayuda a planificar mejor una buena estrategia.

Estos días previos disfruté del paisaje, disfruté de la preparación, pero según se acercaba el dorsal, los nervios aumentaban. Lo normal vamos.

El sábado, en la línea de salida, era un manojo de nervios. No tenía muy claro cómo gestionar la salida, ni tantos kilómetros, no sabía cómo funcionaria mi cabeza con tantas horas, ni mi estómago todo lo que había que comer, ni si volvería a aparecer la lesión, ni cómo sería competir tantas horas con la regla a punto de venir…

Pero con buenos consejos y con un planteamiento de carrera de menos a más, salí a mi ritmo, sin entrar en ritmo de las demás competidoras, sólo fijándome en mí y mis sensaciones. Dejando ir, dejando hacer, dejando que pasaran los kilómetros.

Comer, beber, bastonear, bajar atenta, dejar ir, o coger cuando se iba muy ligera…

Desde el comienzo, seguro que los que lo seguisteis sabéis del rollo, hubo muchas chicas en los primeros puestos, éramos al menos 10 o quizá más, “peleando” por los puestos de delante.

Una batalla muy ardua, que nos dejó a todas muertas.

Fue alucinante ver el nivel de chicas que había, igual veías a tres chicas delante, te pasaba otra, después pasabas a cuatro… Los puestos bailaban y seguían pasando los kilómetros.

Y tras ir en top 10, empecé a remontar donde había pensado en mi estrategia apretar hasta colocarme en la 3ª bajada, kilómetro 50, en primera posición.

El calor y la sed cada vez era más insoportable, pero apreté hasta el final.

En la última subida la sensación era de estar a 35 grados, me ardía la cara y el cuerpo (no sé si solo por el calor y la gran humedad que había, si la fase lútea tardía tuvo algo que ver…), pero notaba que me ralentizaba y que esa energía que tenía hacía nada, fue menguando, quizá solo era el paso de los kilómetros y la fatiga.

Sabía que una chica americana me iba recortando, pero seguí intentando cogerla cuando me adelantó y de hecho llegamos al último pico juntas.

La bajada de 8km al pueblo (más de 1000-) fue mortal, para ella y para mí.

Las dos a fuego que no daban más las piernas ni el cuerpo, ninguna quería ceder ese valioso primer puesto.

Llegando al pueblo la tenía muy cerca y la veía, pero mi ritmo no fue capaz de enganchar su ritmo mortal, ¡chapeau!, brutal como ha competido.

Al llegar a meta, para mí había sido una victoria, fuera como fuera, pero esta batalla, esta lucha frente a mis dudas, con una confianza en mi mermada por las lesiones… fue increíble.

Después de tantos meses de “lucha”, después de pensar hasta en dejar las zapatillas para siempre…  de sentirme en lo más hondo del averno, metida en fango hasta el cuello, Virginia estaba de vuelta. Me volví a sentir competitiva, me volví a sentir disfrutando con esto, me volví a sentir yo de nuevo. Cuando pensaba que me había perdido y que nunca volvería.

Todo había salido como había planeado, supe gestionar todo lo que me fue ocurriendo durante los kilómetros (mucho calor, torcedura de tobillo, dolor de ovarios, no entraba la comida, mucha sed, calambres en los pies, adelantamientos de rivales, posiciones más atrás de lo que me gustaría…).

Me quedo con la bonita rivalidad entre todas, desde el principio al final de la carrera. Una competición muy sana con todas las chicas, animándonos las unas a las otras cuando nos adelantábamos, con una sonrisa… (no siempre se ve esto…hay de todo en este mundo). De verdad fue increíble, algo que no siempre se vive.

Fue un viaje increíble, una ultra es una aventura, es como la vida: tienes problemas y te toca gestionarlos lo mejor que puedes; tienes momentos de euforia en los que parece que vas genial, otros que estás hundida en la miseria y que no sabes qué pintas ahí corriendo, ni para qué corres, otras que el dolor te intenta hundir y otras que ni sientes ni padeces. Pero hay que seguir porque la recompensa de llegar a la meta…es indescriptible.

Así que, si me estás leyendo y estás pasando por un mal momento, plantéate qué es lo que te mueve, y si te hace feliz, sigue adelante con ello. Si tú no lo haces, nadie lo hará por ti, te animo a ello.

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