Acabo de venir de un viaje largo. A una zona inhóspita, de difícil acceso, pero con un encanto muy especial: Atlas marroquí.
Cuando me animaron a viajar allí porque se celebraba una competición de una carrera por montaña, muy a lo Skyrace (Atlas Marathon) , no pude decir que no.
Y es que viajar siempre es bonito, siempre es una forma de abrir la forma de pensar y de tener empatía con lo que nos rodea (por muy lejos que esté de donde vives).
Os pongo en situación: termino de competir en Ultra Pirineu 100k. El cuerpo y el alma está muy cansado, pero tengo ganas de viajar, descubrir nuevos lugares y nuevas gentes siempre me ha encantado.
Casi 6horas de coche a Madrid para coger el vuelo, después 2 horas de avión (aunque mi querido Ryanair ya nos tuvo 3 h de retraso tirados en el aeropuerto). Por fin aterrizamos en Marrakech y nos recogen para llegar al fin a Tabant, un pueblo muy grande (unos 20mil habitantes, aunque es más bien una zona y no se ve en ningún momento multitud sino más bien casas aisladas a lo largo de la carretera) de la zona del Atlas.

Las montañas de alrededor son enormes, y eso que ya estamos a unos casi 2000m de altitud.
La tranquilidad que hay se palpa en el ambiente.
Los niños rodean el colegio y el instituto, pululando para comprar chuches en la tienda de enfrente (esto no cambia con el país ni la cultura jejeje).
Llegamos a la zona de salida y meta de la carrera, coger el dorsal, feria del corredor…
Aquí en mitad del Atlas. Es alucinante. La zona montada con unas jaimas que no veas lo bien que se echa uno la siesta ahí, ni frío ni calor. Una temperatura agradable con unos cojines muy blanditos para descansar pre-carrera.
Se da la salida de la ultra con muy buen ambiente y todos, niños y mayores muy emocionados.
Aquí la unión que hay entre los habitantes es muy grande, todos se ayudan, todos son amables y los niños juegan por todas partes e intentan cotillear a ver qué está pasando por su aldea.
Como podéis imaginar, por esta zona, el turismo es más bien escaso. Es una zona preciosa y privilegiada, pero al encontrarse lejos de los principales aeropuertos, al tener pocos alojamientos y no tener mucha publicidad por parte de las agencias o quizá del propio gobierno o marcas interesadas, es un área desconocida.

Durante la carrera Atlas Marathon Skyrace
No es aún zona de desierto, sino más bien una zona de gran altitud y montaña.
Si bien no hay mucha vegetación, el agua no es escasa.
Por todas partes se ven plantaciones sobre todo de manzana, pero también encontramos nogales, membrillos, algunas plantaciones de pistachos, almendros…
Una zona rica de cultivos.
Al día siguiente, es nuestro turno: vamos a por la Skyrace 27km 2000+.
La métrica parece fácil pero… habiendo hecho el circuito el león del atlas Zaid, sabía que la liada estaba asegurada :p
Terreno muy técnico desde el comienzo, 1700m+ del tirón en los primeros 10km, zonas en las que mejor que andaras porque si no la caída estaba asegurada, bajadas infernales… pero he de decir que las vistas y el entorno quitaban el hipo.
Alucinantes barrancos, alucinante la inmensidad de la zona, con el M’Goun de fondo y todo el valle del atlas a nuestros pies.
Subimos a una altitud de 3500 msnm y el aire iba faltando, el pulso disparado y el viento que nos llevaba, pero he de decir que a pesar de estar muy lejos de mi zona de confort, pude disfrutarla. Poner a prueba mi cuerpo cansado y simplemente seguirlo y sentirlo hasta donde podía.
Aunque también lo que también me debió de dar fuerzas fueron los riquísimos dátiles que había en cada avituallamiento, allí son de otra pasta, dios que buenos estaban jejeje. Llegada a meta y a disfrutar de un merecido descanso.
La comida estaba exquisita. Si el mundo árabe es bien conocido por sus especias, es normal. Vaya sabores más potentes, vaya mezclas y vaya gusto en el paladar.

Preparando tajin y té (el mío de verdura y huevos)
Cuscús, patata, verduras, huevos, carne (que esta no probé), cocinadas a fuego lento y con un sabor delicioso. Todo hecho modo tajine, espectacular.
Pero ¿y los desayunos? Los múltiples panes Msemen, mi favorito tipo pancake como hojaldrado, así me tienen ganada ya jejejej), Harcha (hecho con maíz más desmenuzable y muy rico con miel, mermelada, queso untable, aceite de la zona…), y otros tipos de panes que no sé el nombre pero que estaban deliciosos.
Además, cómo no, los dulces, a cuál más bueno, así como el té y el café bereber (no he probado otra cosa igual).
Este café, contiene un montón de especias lo que le dan un sabor muy especial.
El hecho por café Vivant’e… es de otro mundo.
Sólo podíamos seguir disfrutando y conociendo a sus gentes, conociendo sus pueblos, su forma de vivir.
Allí no hay estrés, no hay apenas horarios marcados, si no sólo la tranquilidad de estar viviendo en un entorno espectacular, en el que no hay prisas, y aunque tengan sus trabajos y obligaciones, las malas caras son escasas.
Y es que teniendo donde dormir y dónde comer, una familia que te quiere… ¿quién necesita más? Un lugar en el que la gente nos acogió, nos cuidó, nos enseñó y nos mostró su forma de vivir, siempre ayudando y haciendo que nos sintiéramos como en casa. Gracias.




