La felicidad tiene nombre de lugar: «Pirineos»

La felicidad tiene nombre de lugar: «Pirineos» Previous item AL FINAL DEL VERANO

Muchos sabéis ( si no ahora ya sí ) que he vivido en varios lugares de España (Guadalajara, Tenerife , Vitoria, Vizcaya…) y que finalmente me mudé a vivir a Pirineos. Fue una decisión que no tomamos de la noche a la mañana, pero rondaba muchos años en nuestra cabeza y por fin nos decidimos.

Quería vivir cerca de altas montañas, en un entorno rural lejos de la ciudad y aquí lo he conseguido.

Levantarme, mirar por la ventana y ver montañas de más de 2000 metros de altura es algo mágico.

La naturaleza me asombra.

Tan bello y tan salvaje.

Cuando salgo a entrenar, miro alrededor y sólo puedo sentirme afortunada por estar viviendo este instante.

¿Alguna vez hubiera soñado esto?

Creo que nunca me habría imaginado hace unos años poder estar viviendo aquí.

Veo tantas sendas por las que subir, lugares por conocer, rutas que patear..

Es todo un privilegio.

Hace unos días sin ir más lejos, en una recuperación de una de mis queridas series en cuesta, me paré, miré a mi alrededor y sentí una plena tranquilidad, asombro , fascinación y alegría por encontrarme ahí. A 2000msnm, esforzándome al máximo en el entrenamiento y sufriendo…claro, pero eso era mi felicidad.

Es sencillo de entender. Por ejemplo, estás entrenando y  miras en otra dirección al lado de la ruta por la que siempre vas, encuentras una senda preciosa, y la coges, baja por un valle precioso, juguetona y sientes que no hay mejor forma de pasar la mañana.

El monte y yo. Con todo el tiempo para dedicarle.

¿Has sentido eso alguna vez? Es una sensación increíble, ¿verdad?

Después de estos meses que hemos estado encerrados me he dado cuenta aún más de lo que me gusta la montaña.

Lo único que necesitaba era salir al campo, pisar piedras y raíces. Algo sencillo, ¿no?

Pensar que quedan muchos caminos en los que no he estado, en este valle o en cualquiera.

Viajar es vida. Conocer entornos es increíble.

Y cada día que pasa disfruto más de la montaña. Cada día me gusta más correr en ella, más deprisa o más despacio, da igual.

El caso es dar un paso después de otro, sortear las dificultades que vas encontrándote a tu paso, saltar, brincar, subir y bajar por un sendero, jugar en el campo como si fuéramos niños. Porque a veces el volver a sentirte como uno de ellos, sin mirar el reloj sólo sintiéndote parte de la naturaleza, es lo que más vale y lo que más llena.

En definitiva, me he dado cuenta que necesitaba mas monte, mas conexión y todo lo demás llega. Aunque sigo entrenando fuerte eh? :p

Punta Espata (Villanúa)

Llegar arriba y admirar hasta donde has podido llegar tú sólo, por todo lo que has pasado y ver el paisaje que has dejado tras tus pisadas, no tiene precio.

Respiras un poco y disfrutas de la bajada. Sin prisa pero sin pausa, jugando con cada piedra, con cada arroyo, sorteando cada orquídea para no pisarla.

Es parte del camino también. Y cuando llegas a casa, sientes que estás más lleno, lleno de aventuras de experiencias nuevas, te sientes fuerte, has podido con esa ruta, con ese entreno. Y lo has pasado genial.

En tu memoria siempre estarán esas imágenes.

Porque ir a las montañas nos llena de vida.

Espero poder seguir compartiendo muchas horas junto a ellas y es por lo que sigo y siempre seguiré luchando en mi día a día 🙂

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