FESTIVAL DES TEMPLIERS: rapidez en estado puro

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Aún sigo con dolor por todo el cuerpo, y normal. Bueno no, nada es normal en Festival des Templiers

Desde que empecé a correr, hace ya muchos años, llevaba queriendo competir en ella.

Es una de las pruebas de montaña más prestigiosas de toda Francia y el mundo, y una de las más antiguas ya que se comenzó a celebrar en 1995.
Sus paisajes, sus pueblos, sus ruinas, sus cuevas… son algo especial ya en fotos, así que imaginaros después de vivirla.

Los que ya me venís leyendo hace tiempo sabréis que mi objetivo de este año era estrenarme en una carrera muy diferente a esta: 100km con 6600+ con desniveles muy pronunciados, subidas muy largas, terreno técnico y lento, una carrera de dureza extrema y en altura.

Pero un virus vino a decirme que somos mortales y que no todos los planes que hacemos van a salir como esperas.

Así que tuve que escuchar a mi cuerpo y para cerrar temporada decidí correr en esta, una de mis carreras soñadas: 80km 3500+, sendas de gymkana, caminos correderos, subidas cortas y planos explosivos.

Evidentemente, tras la gripe y mis entrenos pasados, volumen llevaba, pero chispa y velocidad, así como especificidad la verdad es que no.

Pero tenía que acabar la temporada lo mejor posible y me embarqué en esta aventura.

Llevaba nerviosa por la competición desde hacía una semana, sin saber cómo llegaría, preguntándome qué tal estaría el cuerpo…

Otras dudas eran: cómo afrontaría lo de correr con frontal y de noche cerrada. Cómo aguantaría cuerpo y mente tantas horas fuera de mi zona de confort…

Mi experiencia con los frontales siempre había sido muy breve con Snowrunning ya anocheciendo y sin apenas usarlo, o en la salida de Madeira que apenas pasabas tiempo mientras amanecía.

Aterrizamos en Millau a finales de semana y no dejó de llover ni un día, lo que probablemente hizo más interesante aún el circuito jijij

Pude ver algo del recorrido, pero no podía imaginar cuan duro sería después.

Me suena el despertador a las 3 am… y lo típico: Madre mía, quien me manda a mí venir a esto. Vaya tela, a estas horas. Si estoy sobada. Cómo voy a correr si es de noche cerrada. No me entra ni el desayuno. A estas horas se está muy bien durmiendo.

Ya sabéis, cosas que se nos pasan por la cabeza cuando se viene una locura de este estilo.

Salida Festival des Templiers. 5:15 am. Foto: Emma Mouton. 

Pero no estoy muy perezosa, al menos, no tanto como en otras competiciones, hay ganas de correr y dar lo mejor de mí.

Salgo calentando y aunque con algo de molestia en el estómago, pienso que serán los nervios y no le doy más importancia. Ya se me pasará.

Colocado el frontal, hace mucho frío. Guantes, buff, cinta del pelo, manguitos…y todo sabe a poco.

Salida emocionante, con bengalas, ritmo de infarto (por debajo de 4min/km)… empieza la marcha.

 

Mi plan era salir de menos a más. Sabía que velocidad me faltaba y no quería morir tan pronto.

La primera subida es bastante tendida y me la tomo con calma, aún queda mucho camino por recorrer.

Empiezo a comer y no me sienta muy bien, pero sigo. Pienso que a esas horas es normal que sea raro meter algo al estómago,  estar ya en carrera y desayunando por 2ª vez jejjeje

Noto el frío en la cara (5 grados y hielo) , 8km de planicies con pequeñas subidas y bajadas por pistas muy correderas. Alrededor nada, no se ve nada.

Oigo un corzo ladrando. Ya nos está echando la bronca por estar en su territorio. Me siento como en casa.

Bajada hasta el primer avituallamiento en uno de los pueblos más preciosos por los que pasábamos, Peyreleau.

Aunque es de noche y poco se puede apreciar.

Voy muy tranquila y muy bien, aun parece que los kilómetros no están pasando. Queda mucho, calma.

Hasta el km 35 no vuelve a haber un avituallamiento, y en ese trayecto consigo alcanzar, mientras amanece a dos chicas que llevaba delante.

Me empiezo a animar, voy de menos a más.

Siguiente punto de avituallamiento, como, bebo, voy bien. Continúo. Poco a poco.

Alcanzo a otra chica y sigo acelerando.

Voy en 5ª posición y me encuentro genial. Bajada en la que me lo paso genial, paisajes muy bonitos, entrando por pueblos abandonados preciosos, ruinas de castillos… increíble.

Me lo paso genial.

Km 45, Roque Sainte Marguerite. Otro precioso pueblo. Aquí empiezo a sentirme mal, muy mal…

Bajón.

Me adelantan y lo que antes eran fuerzas para seguir ahora es: bajón de azúcar, parada en boxes, diarrea, náuseas, flojera, empiezo a ver borroso, me toca pararme a descansar…

En definitiva, explotón.

 

Consigo llegar al siguiente punto de avituallamiento con ayuda del sherpa. Mi cara ahí debe ser un poema porque no veo bien, no tengo ni pizca de hambre ni soy capaz de comer y estoy sin fuerzas, pero no quiero retirarme, no puedo.

Merezco acabar.

Me embuto un sándwich, unas galletas saladas, un cacho de plátano. Ale a seguir.

Este tramo lo había hecho calentando y me lo conocía. Pero se me hizo muy duro.

Por fin después de mucho esfuerzo, de sufrir mucho consigo llegar a una zona sorprendente: los 10 últimos kilómetros cuentan con una parte ultima que muchos KV envidiarían.

Ojalá hubiera podido llegar a esta parte para disfrutarlo Jejeeej

En resumen, estoy contenta de haber vivido esta experiencia, de haber terminado y justo en mis tiempos marcados a pesar de lo sufrido y con la espinita de que sé que si no la hubiera “cagado” en todos sus sentidos, lo podría haber hecho mucho mejor.

El nivel es brutal, ya de salida parecía un mundial con tanto nivel de francesas y demás corredoras extranjeras.

Despido la temporada con este último dorsal. Ahora necesito descansar, dejar un poco de lado mi rutina de entrenos y aprovechar para desconectar que siempre va genial.

Volveré más fuerte y aunque al acabar, me rompí a llorar de cómo lo había pasado y sufrido, sé que quiero seguir en esto, que quiero seguir mejorando e intentar estar lo más delante posible en este deporte.

Porque hay Virginia para rato 😉

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